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Don José Quadrio nació en Vervio (Sondrio,
Italia), de familia campesina, rica en virtudes cristianas. Ya desde los
ocho años se había propuesto un serio programa de vida que
terminaba con las palabras: “quiero llegar a ser santo”.
Hacia los diez años, con la idea ya de ser sacerdote, cayó
en sus manos el “Boletín Salesiano”: sintió el
deseo de que la familia de Don Bosco fuera la suya. Ingresa en 1933 en el
instituto misionero de Ivrea y se distingue por su bondad e inteligencia.
En 1937 ya es salesiano y debido a sus excelentes cualidades lo envían
a la Universidad Gregoriana de Roma a estudiar Filosofía. Tras un
bienio en Foglizzo (Turín) como profesor de los clérigos estudiantes,
cursó también Teología en la Gregoriana.
Durante todo este tiempo de formación y de apostolado, su orientación
espiritual, su vida interior y su gran bondad iban en aumento, manifestándose
siempre más, a pesar de su deseo de mantenerse en la sombra.
Sus éxitos en los estudios y su superioridad intelectual no estaban
reñidos con una jovialidad humilde y servicial, ajena a cualquier
manifestación de orgullo.
Ordenado sacerdote en 1947 y doctorado en Teología por la Gregoriana
en 1949, dio inicio a un período de enseñanza de la Teología
claro e incisivo, marcando una impronta profunda en los numerosos estudiantes
que tuvo en el Pontificio Ateneo Salesiano de Turín.
En 1960 se le manifestó un mal incurable. Plenamente consciente de
su situación continuó hasta que le fue posible en la enseñanza
y en la práctica de la vida comunitaria. En sus frecuentes y prolongados
períodos de convalecencia en el hospital, puso de manifiesto el calor
de su bondad con los otros enfermos, suscitando la admiración de
médicos y personal.
“El gran milagro que me ha hecho Don Rua desde el principio –escribía
pocos meses antes del fin– es el de una paz tranquila e inmerecida,
haciendo de estos días de espera prolongada, los más hermosos
y felices de mi vida”.
Murió el 23 de octubre de 1963. |