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Dorotea nació el 5 de junio de 1816 en Santiago
de Chile, de una familia de fe profunda, rica en hijos y en bienes materiales,
que tres años después emigró a Barcelona (España).
Era de carácter enérgico, despierto, emprendedor, pero, sobre
todo, de gran corazón.
A los 16 años se casó con Josep Serra, comerciante y banquero.
Formaron un matrimonio feliz durante cincuenta años. Tuvieron seis
hijas: Dorotea, Ana Maria, Isabela, Maria Luisa, Carmen y Jesulina.
La principal preocupación de Dorotea era la de vivir enteramente
para Dios. Cultivaba su piedad: misa diaria, comunión, rosario.
Lo más extraordinario era su caridad hacia todos, de manera especial,
hacia los más pobres. “Los pobres serán mi primer pensamiento”,
se propuso.
Se la conoce como la “limosnera de Dios”.
Una treintena de fundaciones surgen de su beneficencia y de la de su marido:
asilos, escuelas, hospitales, centros de trabajo...
El 20 de septiembre de 1882, un mes después de enviudar, escribió
a Don Bosco: “Mi deseo sería el de fundar una obra para jóvenes
obreros y para huérfanos en los suburbios de Barcelona”. Don
Bosco aceptó. La obra se construyó en Sarrià, en 1884.
En abril-mayo de 1886, Don Bosco contactó personalmente a la santa
bienhechora, dispuesta más que nunca a ayudarlo.
Fallecido Don Bosco, Dorotea emprendió tres nuevas obras, entre las
que destaca el Colegio Santa Dorotea de Sarrià, de las Hijas de María
Auxiliadora, empleando para ello las 70.000 pesetas que se había
reservado para su vejez.
La que Don Bosco llamaba “nuestra mamá de Barcelona”
murió pobre el 3 de abril de 1891.
Está sepultada en Barcelona-Sarrià. |