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Luis nació en Corbetta (Milán) el
18 de octubre de 1873, cuarto de quince hijos (un hermano será misionero
y una hermana, religiosa canosiana).
Estudió y se ordenó sacerdote en Milán. Quiso hacerse
salesiano, pero su obispo, el cardenal Ferrari, lo mandó con sólo
22 años a Saronno, como vicerrector del colegio arzobispal.
Ocho años después ingresó en la congregación
salesiana. Doctorado en Teología, enseñó teología
moral y sociología en el estudiantado de Foglizzo (1906-1910).
Más tarde, fue párroco de la parroquia de Santa Maria Liberatrice,
en el Testaccio, un barrio marginal de Roma.
Un día, abofeteado en plena calle por un violento, Luis le dice “gracias”
y le presenta la otra mejilla.
“Su confesionario - relata un testigo - se ve asediado de la mañana
a la noche. En las grandes fiestas, el trabajo de confesor es para él
como el hilo conductor de la jornada, a la cual acopla la celebración
de la Misa y la predicación, ésta última seis o siete
veces al día”.
En 1916 Benedicto XV lo nombra obispo de Sutri y Nepi. El mismo se redacta
un reglamento:
“• Amaré a mi diócesis como a una esposa.
• Expondré a Jesús los intereses de las almas en mis
momentos de oración, y no tomaré jamás una decisión
importante sin haberla antes consultado con El.
• Evitaré las comodidades y lo superfluo.
• Tendré mi horario y lo observaré fielmente.
• El moto de mi vida episcopal: ‘la caridad dispuesta a cualquier
sacrificio’.”
Así lo hizo durante 26 años, con auténtico espíritu
salesiano: “Por la gracia de Dios, soy cristiano, sacerdote, salesiano
y obispo: tengo que ser santo”.
Murió fuera de su diócesis el 19 de mayo de 1943, mientras
predicaba una tanda de ejercicios espirituales a los alumnos del Liceo de
Pordenone. Tenía 70 años.
Sus restos reposan en la catedral de Nepi. |